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Este era el fin…
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Este era el fin...

Este era el fin… O al menos eso habían dicho en la radio esa mañana de hace dos días- ¡No existe esperanza alguna, ni oportunidad para sobrevivir! – Recen a Dios todopoderoso, es lo único que nos queda-, es lo último que tengo que decir-. Y con esta frase el locutor dio por terminada la emisión y la señal del radio murió. El dejar en las manos de Dios lo poco que nos quedaba de vida me causaba estragos bastantes profundos en mi mente, pues seguramente Dios no iba a permitir que un ateo como yo estuviese en el reino de los cielos, y no por ser mala persona, pues no soy un asesino, ni he matado a nadie, sino que en el primer cuarto de siglo de vida, nunca había puesto mis esperanzas en algún ser poderoso y ancestral, así que muy seguramente y si existía ese Dios tan nombrado en estos momentos, me iba a mandar directo a la mierda. La respuesta estaba a tan sólo 5 horas del impacto, vivir en el paraíso, o que todo terminara ahí, en un negro sepulcral.

Relatar y describir el terror del pequeño fragmento de humanidad  que veía en esos momentos me sigue dando escalofríos, ya me había hartado de escuchar gritos, plegarias, groserías, y de ver tantos ataques de pánico y violencia entre la multitud así que, al no tener esperanza alguna, subí hasta lo alto del edificio donde vivo a esperar el fin, y desde ese lugar podía ver gente correr, golpearse unos a los otros, llorar, y  un poco más allá, la fila interminable de autos deseando escapar inútilmente, ya que el cataclismo iba a ser global. A veces la gente se aferra tanto a sobrevivir a toda costa, que pierde la magnitud de las cosas. Así era el mundo desde hace unos días. Yo ya había aceptado mi destino.

Este era el fin...

Todo comenzó súbitamente y de golpe. Según las noticias internacionales, los científicos de la estación espacial habían detectado una anomalía que se les salió de las manos, y que “según ellos” no había estado “ahí” hace unos días, y ahora se dirigía con una velocidad impresionante hacia la tierra. La noticia se desclasificó, cuando los observatorios de algunas partes del mundo pudieron observar ese “gran objeto” que hora tras hora se hacía más y más grande… es decir los cabrones de la estación espacial tenían pensado no decir nada y cuando esa cosa se acercara lo suficiente a la tierra que todos pudiéramos verlo, a lo mejor se inventarían cualquier excusa tonta para evadir la situación. Y yo les atribuyo que por no “saber comunicar prontamente la noticia”, el mundo colapsó.

La noticia de “la gran piedra que se acerca a la tierra” corrió como pólvora deseosa de estallar, y muchos medios “amarillistas” causaron mucho más pánico del que se esperaba. Daban dos días para el impacto, dos largos días para la total extinción. Es lógico que la tasa de suicidios, atracos, actos violentos y depresiones se disparaba en chorros hacia muy arriba. Muertes por aquí, muertes por allá. La poca gente que quedó en la televisión (muchos renunciaron o simplemente se fueron) siempre denotaba mucha preocupación y mucha tensión.

Este era el fin (Obra de Rickseth)

En internet también había noticias, Facebook saturado de mensajes “terminales” de muchos de mis contactos, videos de gente despidiéndose y pidiendo que las almas de todos encontraran un pronto descanso, imágenes compartidas de Jesucristo, la virgen María y el niño Dios como nunca antes. ¡Qué ironía! Trending topics del fin del mundo por todo Twitter, incluso me parece que esta red social colapsó más de 3 veces en todo el día. Era obvio, era el fin, teníamos que dejar nuestro último legado en este mundo terrenal.

Las noticias y videos en internet daban cuenta de que a todos los individuos nos había llegado la hora, no había alguna solución ni con el más pesado de los cohetes nucleares del ejército de Corea del Norte, ni con todas las bombas atómicas escondidas por los confines del mundo. Las grandes potencias mundiales reducidas al equivalente de un ratón en una jaula de leones. Es por eso que ni construyendo la mejor nave para mandar a todos los hombres más poderosos del mundo a otro planeta, los iba a poder salvar. El dinero y el poder también reducidos a cero. No es que me encantara la idea, pero esta situación nos hizo a todos los habitantes de la tierra en la misma línea de muerte. Blancos, negros, asiáticos, guapos, feos, gordos, flacos, altos, chaparros, pobres y ricos etc. Todos iguales, todos con posibilidades de morir. Y esta vez no existiría algún héroe hollywoodense para salvarnos.

Personalmente,  me enteré del choque catastrófico, justo cuando miraba el partido más importante de futbol en ese momento, (siempre decía eso, no importaba que partido era) la transmisión se cortó de golpe y el presentador, con cara de miedo y sorpresa, soltó de golpe la noticia– ¡Señoras y señores!, nos acaba de llegar un mensaje de la estación espacial estadounidense diciéndonos que un gigantesco meteorito se acerca e impactará con la tierra, no se sabe ni cómo ni por qué, pero los científicos no pudieron verlo hace semanas, es como si alguien lo hubiera puesto ahí de repente, las autoridades del mundo, junto con organismos mundiales, están tratando de buscar armas o herramientas para poder destruirlo, ¡es una situación inaudita! Querido público- lamentablemente no nos queda más que esperar un milagro- hasta aquí el corte informativo- Y así me enteré, se enteró toda mi familia, la calle, el vecindario, mi estado, mi país, y el globo terráqueo entero. Comenzó la preocupación, comenzó el verdadero horror.

Este era el fin (Obra de Rickseth)

Todos los eventos artísticos, deportivos, culturales, y musicales se suspendieron (hasta nuevo aviso según dijeron), los jefes de gobierno hacían intentos en vano por tranquilizar a su gente, diciéndoles que buscarían la manera de evacuar a la mayor cantidad de gente posible del planeta (como si fueran a construir una nave nodriza para millones de personas en tan sólo unos días)  y ahí es cuando te das cuenta de la verdadera gravedad del asunto. El mundo había sobrevivido a todos los fines del mundo posibles; desde el error programático del año 2000, al “día de la bestia” del 6-6-2006, al tan profético 2012 de los mayas, y a todas las teorías conspiranoicas iluminatis que se habían hecho virales en internet, que se había vuelto algo habitual sobrevivir a un “fin del mundo”.  La historia había cambiado y la humanidad había colapsado mentalmente.

Mi familia se alarmó y comenzó a decidir qué hacer, mi hermana comenzó a llorar como histérica y mi hermano, más pesimista, dijo que nos quedáramos en la casa y que bebiéramos hasta hartarnos y luego esperar el fin. Por lo pronto yo estaba preocupado ¡obviamente!, pues quien que se sabe que va a morir no debería estar realmente nervioso, nunca pensé en morir así, creo que ni en algún sueño perturbador me había sentido de esta manera, es por eso que salí a caminar, esa acción que tanto tranquiliza y ayuda a despejar la mente, a un parquecillo, esperando que algo pudiera hacerme sentir menos peor y con la angustia de saberte muerto en algunas horas. No encontré esa paz, la gente se arremolinaba en tumultos y voces por aquí y por allá, chillantes de salvación y piedad. Me dio risa ver como gente de todas clases sociales se juntaba o convivía por primera vez, y como todos se arrepentían de haber sido malos seres humanos y anhelando que una mano gigantesca celestial se apareciera en el cielo y los transportara a su salvación. Al menos yo no me aferré a ninguna situación divina.

Y es por eso que estaba en lo alto de ese edificio, ya me había hartado no poder siquiera salir de mi casa y ver en cada esquina a grupos de gente leyendo la biblia o algún otro libro sagrado, o que las personas te tomaran del brazo arbitrariamente y te recordaran que ibas a acabar calcinado o hecho polvo, al menos ahí arriba tenía un poco de tranquilidad…

Este era el fin (Obra de Rickseth)

Faltaban ya 2 horas para el impacto… y en la televisión mostraban una todavía muy pequeña bola roja que se acercaba a la tierra para su extinción.

 


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