Cuentos con Rickseth 19 comments


Cuentos con Rickseth
5 (100%) 1 vote

Muy buenos días, tardes, noches según sea el caso. Hoy vengo a traer un pequeño escrito de mi autoría, espero les guste. Comenta si quieres una continuación.

Cuentos con Rickseth


El sueño

Augusta se encontraba frente al espejo, no dejaba de tener el rostro lleno de curiosidad cuando veía  sangre correr de su brazo izquierdo, era como si disfrutara ver como la sangre brotaba y resbalaba por medio de aquella herida que ahora estaba oculta bajo la hemorragia. Ella sonreía, mientras de sus ojos brillaba una pequeña luz roja, tal vez por el hecho de que la recámara lucía de un tono rojizo y sombrío que apenas si resaltaba su figura y que contrastaba con el rojo sangriento que resbalaba con lentitud.

 

No era una mirada luminosa, sin embargo; era una mirada perdida, perdida entre las sombras y que proyectaba el reflejo de su cuerpo en sus pupilas, era la mirada más obscura pero a la vez tan serena que en esa noche habría de poner. Mientras, el resto de su cara desdibujaba una silueta de compasión, como si el acto de verse a si misma, le dijera que aquel acto sospechoso fuera tan común como comer, pero en ese momento, y a través de la nítida oscuridad que cada vez era mayor, una lágrima derramada recorría su mejilla lo cual supondría que estaba sumida en una depresión.      

 –Ven – se escucho una voz desde la esquina izquierda de su cuarto.

 

Augusta volteó sorprendida, pues la voz no sonaba conocida ni peculiar, más bien era siniestra y rasposa y le causaba escalofríos. Lentamente, intentó acercarse al lugar donde había escuchado la voz, pero el cuarto era cada vez era más oscuro, y el dolor que le provocaba la herida en el brazo que continuaba sangrando era cada vez más insoportable, a cada paso que daba, la respiración se cortaba, la sangre se volvía fría y la sensación de que había una presencia en su cuarto hacían eternos los pasos hacia esa sospechosa esquina. Augusta lo podía presentir, sentía algo dentro de su mente, una extraña sensación de miedo, curiosidad y dolor que no permitía concentrar bien su mente en descifrar lo que había en aquella esquina.

 

Apareció una sombra detrás de ella justo antes de que llegara a esa eterna esquina, Augusta sólo la sintió, y ese frió que emanaba que aquella sombra comenzó a recorrer por su cuerpo, lentamente y con el corazón en un puño se dio la vuelta y la vio.

 

Lo primero que miró fue la silueta de su cara, pues ya para entonces el cuarto se había vuelto una cueva sin salida para Augusta, tan oscura que apenas si se podía ver, y entonces los vio, ojos blancos con pupilas negras con un pequeño hilo de luz en su interior, cara  pálida sin un rasgo de pulcritud y que contrastaba con la oscuridad del cuarto, fue lo único que ella pudo ver.

 

La sombra alzó el brazo izquierdo y de nueva cuenta le dijo –Ven- ahora un poco más fuerte que la vez anterior.

 

La voz retumbó en los oídos de Augusta, haciéndola caer de rodillas sobre el piso, no podía decir nada, pues algo extranormal se lo impedía, sentía en su pecho una opresión que dolía tanto o más que la herida en el brazo, que por cierto, dejó de sangrar al momento de caer.

 

Augusta no podía más, las paredes comenzaban a sangrar a la vez que la sombra se acercaba tenebrosamente a ella, era un rojo claro, descifró Augusta, puesto que la sangre común se podía perder entre la oscuridad; esta no.

 

Era una escena terrorífica, volteaba a ver la sangre caer de la pared, luego veía aquellos ojos macabros que se distinguían cada vez más, volteaba de nuevo y veía sombras junto a la primera, estaba empezando a escuchar muchas voces dentro de si –Ven, Ayúdame, Estamos aquí, Necesitamos de tu ayuda- que se confundían entre las voces de niños y de mujeres gritando a manera de suplicios y perdón.

 

Augusta ya no pudo resistir, se aferró a quedar inconsciente pero la sensación le ganó la batalla, la sombra se acercó a ella y cayó fulminada a su merced.

 

La herida del brazo le dolía, le quemaba, y su cuerpo no se podía mover, incluso trataba de gritar, pero  su boca no se abría ni un centímetro, -Todo fue en vano, que me está pasando- decía en su mente, su cabeza daba vueltas sin control y al final se detuvo, se contuvo, y volvió la respiración.

 

Augusta despertó sin saber que decir ni que pensar…

Cuentos cortos. El sueño

CARPE DIEM

 

Síganme en mis redes sociales, en Facebook y en Twitter me encuentran como Ricksethmx . Únanse se van a divertir.


Deja tu comentario ... Gracias :)

19 thoughts on “Cuentos con Rickseth