Rickseth habla de los Abuelos


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Este Blog está dedicado a todas las personas que tienen la dicha de ser abuelos y a los que hemos podido aprender de ellos y seguir nutriéndonos de sus consejos y de su filosofía de vida y anécdotas sin fin.

Quien no recuerda un momento entrañable con sus abuelos, y ya sea que hayas conocido a los 4 abuelos que nos tocan a cada uno, (con algunas excepciones) o  tan solo recuerdes a 1 o 2, las historias de antaño que nos cuentan nos hacen ver como el mundo ha cambiado, y como a pesar de que nos sabemos algunas de sus historias de memoria, siempre es un beneplácito escucharlos una y otra vez.

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A mí en lo personal me gusta platicar con la gente de la tercera edad, o tal vez tenga un “don” para que ellos me hablen a veces por la calle sin razón, y puedo decir que me ha tocado de todo un poco; desde el señor en silla de ruedas que necesitaba llegar hasta un paradero, hasta la señora que simplemente te habla para quejarse del clima caluroso, o del frio congelante, el señor que un día en un autobús que aborde por la noche, sin razón alguna me pregunto sobre cómo me había ido en el día y “sin querer” me enteré del trabajo del señor, del nombre de sus hijos, sus nietos y de la pauperrima pensión que recibe del gobierno. Lastimosamente me baje del dichoso camión cuando más encarrilado estaba el señor en su conversación.

A mí lo que me da más gusto de escucharlos, es ver como cada uno de ellos tiene su propio carácter, pues bien te puedes encontrar al señor pensativo que cada palabra es un consejo, o la señora carismática que uno pensaría que siempre vive feliz, la señora adulta que siempre te regaña, (y a la vez te da risa) o el viejito borrachin que igual te regaña, pero te pide una monedita para poder comer (crudo, triste, pero real).

Una vez me tocó un señor que refunfuñaba con el fin del mundo y casualmente yo pasaba por ahí, el señor leía a mitad de la calle una biblia, gritando a los cuatro vientos que quien no siguiera la palabra del señor no podría salvarse del holocausto. A mí me miró y me dijo que si yo creía en la palabra del señor, yo le contesté que no creía que el mundo se iba a acabar, y el señor casi casi se fue para atrás, y me regaño que ese era el problema de la juventud, y que eso era lo que el diablo quería y que por nuestra culpa (de los jóvenes) el mundo se iba a ir a la mierda (así dijo).

El caso es que por alguna razón u otra, las personas “mayores”, siempre tienen cosas que contar, y en mi caso particular me tocaron 4 abuelitos totalmente diferentes y no será casualidad que a muchos de ustedes también les haya tocado algún abuelito como los míos.

Hablar de mis abuelos es hablar de enseñanzas y muchas historias que sería interminable relatar, y que tal vez sería buena idea que cada uno de ellos tenga un espacio y a lo mejor escribir un blog por cada uno de ellos, pues en verdad, créanme, mis abuelos fueron y son totalmente diferentes.

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Comenzaré con mi abuelo materno (el que menos me toco conocer), pero en mis años de mocoso preguntón, dicen mis familiares que conmigo era el que más hablaba en sus últimos años, yo me acuerdo que era muy creativo, que era alpinista (y de los buenos) y que algún día me iba a llevar a escalar el Popocatépetl (cosa que tristemente nunca ocurrió), que me enseñó el superultramegatelescopio que tenía (y que alguna vez pude ver una estrella) y que me inculcó el habito de la lectura, con libros con fotografías del espacio y de volcanes (que después me regaló) . Un médico, psicólogo, alpinista y fiel seguidor del baseball y del espacio exterior. De él aprendí mucho y a la vez poco, pues sólo lo pude disfrutar 4 años, y no me imagino todo lo que le faltó enseñarme y contarme, tal vez nunca lo sabré…

De mi abuelita materna, no puedo decir más que elogios y más elogios, y digo que para tener 9 hijos y 3 carreras concluidas es ya de ponerse de píe, pues en la actualidad apenas si las familias pueden con un chamaco y tal vez 2 carreras “medio” concluidas. El caso es que mi abuelita materna siempre nos inculcó las maneras “fresas” de ser, y muchos se pueden imaginar a las señoras grandes con joyas, cadenas de oro, bien peinadas, bien vestidas, hasta para ir al centro en domingo, pues así mero es mi abuelita, siempre vivió “bien” y así nos juntaba todos los domingos comiendo en restaurantes y dándonos a los primos grandes nuestro respectivo “domingo”. No les miento, que a la edad de 8 o 9 años, me ponía feliz al recibir 50 pesotes de mi abuelita, pues ya tenía para comprarme la tiendita completa de dulces (o así yo pensaba en mi mente de escuintle). Sus relatos son increíbles y por algún momento imaginar cómo eran los tiempos de mediados de los 50´s de verdad que emociona. Mi abuelita hacia viajes turísticos, y de ahí que conocí varios sitios arqueológicos que tanto le gustan, aparte que su pasión y su conocimiento por las civilizaciones prehispánicas de verdad que me impresionó. Mi abuelita es la abuelita “fresa” que muchos tendrán y que muchos identificarán, la que siempre pone el orden y las buenas costumbres por delante, la que en su casa siempre se mira “Discovery Channel o History Channel” y la que a pesar de que el tiempo no pasa en vano, siempre será un verdadero ejemplo a seguir.

Dando un giro de 180 grados, pasamos a mis abuelos paternos, y aunque cueste creerlo, son totalmente opuestos a mis otros dos abuelos. Comencemos hablando de mi abuelita.


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Mi abuelita es la “clásica” abuelita, que muchos tenemos, la que a pesar de tener 5 personas de invitados, hace comida como para un batallón, la abuelita que siempre logra tener un “recuerdito” de cada fiesta a la que va, a pesar de que ya en su casa no haya espacio para otro centro de mesa más, la abuelita “hogareña” “carismática” y que nunca la vez enojada, no me pregunten por que, a lo mejor y es un chip de abuelitas que le impide enojarse, la que quiere tanto a sus hijos y nietos por igual, bondadosa, religiosa (sin fanatismo) y desde hace algunos años, aventurera y “pata larga” como ella misma se autonombra. Llegar con ella es llenarse la barriga hasta hartarse, además del suculento sazón de sus comidas, y su cálido “calor de hogar”, Sin duda, su historia está llena de anécdotas, que siempre tiene para contar, un sinfín de cualidades podría nombrar de ella y estoy seguro que muchos al leer estas líneas tuvieron buenos recuerdos de su abuelita, si es así felicidades, tienen a una abuelita muy especial.

Del último (y no menos importante) que hablaré es de mi abuelo paterno, un señor que tenía la gracia, la ocurrencia, y el sarcasmo por dentro, gracioso como el sólo y gruñón cuando alguien “osaba” corregirlo. Un gran abuelo con dotes de cómico, que siempre me hacia reír, hablaba con todo mundo y era amiguero por doquier. Verlo serio era raro, pero cuando se enojaba “temblaba el mundo” como él decía, por lo general era cuando alguien decía mal su apellido, o cuando mi abuelita no le hacía caso, pues según “él era la ley”. Alguna vez se autonombró “Chuck Norris”, pues batalló con 10 judiciales, que quisieron meterse a su casa, y el los sacó a palos y a karatazos (eso dijo en una entrevista para radio), alguna vez, en Veracruz, y con un intenso “norte”,  casi se lo lleva el viento de tan fuerte que sopló, mi pobre abuelo se detenía en los postes de luz, cual gato encaramado de sus garras, así perdió unos lentes, que con la fuerza del viento no volvió a ver.

Y así como te decía algún albur, te cuenteaba con historias sacadas de alguna historieta chusca, sus chistes épicos y graciosos (que hubieran causado la envidia de polo polo), son recuerdos que maldigo el día que NO quedaron plasmados en algún video, pues serían material para una sesión de risoterapia. Mi abuelo ya no está en este mundo desde hace 10 años, pero de verdad que agradezco que de alguna u otra forma me heredo el sarcasmo que siempre lo caracterizó, gracias por contarme todas esas historias que nunca nadie entendió que me contabas, por enseñarme el lado cómico de la vida y por ese último viaje juntos, donde aprendí lo último de ti.

Como ven, me tocó tener a los estilos de abuelos que todos podemos llegar a tener, y que decir de las personas mayores que me ha tocado conocer y tratar, ahora recuerdo a una persona ejemplo de madre y de abuelita, siempre con un consejo, una frase y una historia bajo el brazo, una persona que conocí muy poco tiempo pero créanme que me enseñó esa parte de vida que a lo mejor me faltaba por conocer, (algunos saben de quien estoy hablando).

Este blog es más bien un homenaje a esas personas mayores que siempre tienen algo que contar, y que a lo mejor no encuentran con quien desahogarse, tener un abuelo es tener toda una institución, y una persona que más vale por toda la experiencia que nos pueda dar.

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